Al rey de Francia Luis XV (1710-1774) se atribuye la frase Après moi, le déluge (“Después de mí, el diluvio”), que da título a esta bitácora.
Según otra interpretación, la frase habría sido acuñada no propiamente por el rey, sino por su amante más famosa, Madame de Pompadour (1721-1764).
En cualquier caso, la frase tuvo una cierta cualidad profética, si la interpretamos post eventum como alusiva al estallido de la Revolución Francesa (1789-1799) , que tuvo lugar tres lustros después de la muerte del rey y que costó la vida a su nieto y sucesor, Luis XVI.
Como primer acercamiento al dicho, adviértase que se trata de una frase nominal, esto es, sin verbo explícito. Según el verbo que suplamos implícitamente (y el modo verbal), la frase puede tener dos significados distintos, aunque relacionados:
a) Por un lado, si suplimos Después de mí vendrá el diluvio, el dicho parece implicar, como afirmación asertiva: “Tras mi reinado, el país quedará sumido en el caos y en la destrucción”.
b) También podría entenderse el verbo en subjuntivo concesivo: “Después de mí, que venga (puede venir, para lo que a mí me importa) el diluvio”. En este segundo caso, el sujeto afirma que nada le importa lo que ocurra tras su desaparición.
Vamos a rastrear los antecedentes clásicos de esta famosa expresión, y ya anticipo que prácticamente todos estos antecedentes inciden más en la noción b) que en la a).
Parece que en Grecia existía una expresión o dicho proverbial, que es recogida en verso en un fragmento de tragedia de autor no identificado (Tragicorum Fragmenta Adespota, 513 Nauck):
ἐμοῦ θανόντος γαῖα μιχθήτω πυρί·
οὐδὲν μέλει μοι· τἀμὰ γὰρ καλῶς ἔχει.
Cuando yo muera, que la tierra se mezcle con el fuego:
nada me importa, pues mis asuntos no serán afectados.
Resulta significativo que Séneca (4 a.C.-65 d.C.) aluda a esta frase en su tratado De clementia, dirigido a Nerón y compuesto en el año 56 d.C. Séneca parafrasea en latín la frase griega, y la descalifica como un apotegma egoísta e insolidario (2.2.2):
illud mecum considero multas voces magnas, sed detestabiles, in vitam humanam pervenisse celebresque volgo ferri, ut illam: 'oderint, dum metuant,' cui Graecus versus similis est, qui se mortuo terram misceri ignibus iubet, et alia huius notae.
Considero en mi fuero interno que muchas expresiones pomposas, aunque execrables, pasan por verdaderas entre el género humano y son repetidas frecuentemente por el pueblo, como por ejemplo: "Que me odien, con tal de que me teman". A la cual es semejante el verso griego de uno, que insta a que, muerto él, la tierra se mezcle con los fuegos, y otras expresiones del mismo estilo.
El poeta latino Lucrecio (99-55 a.C.) escribió su poema didáctico De rerum natura para difundir en Roma, bajo el ropaje del verso, la filosofía epicúrea. Uno de los postulados del epicureísmo es que el alma humana es mortal; por tanto, no ha de temerse a la muerte, ya que no tendremos conciencia ni percepción sensorial una vez muertos. Lucrecio, para expresar convincentemente la noción, argumenta que no sentiremos nada una vez muertos, aunque entonces se produzcan enormes cataclismos. Estos cataclismos consisten en que se mezcle la tierra con el mar, y el mar con el cielo. La mezcla de tierra y mar se puede entender como una forma de diluvio o inundación, y, por tanto, estaría anticipando claramente la frase de Luis XV.
scilicet haud nobis quicquam, qui non erimus tum,
accidere omnino poterit sensumque movere,
non si terra mari miscebitur et mare caelo. (3.840-842)
Ciertamente entonces, cuando no existamos, nada
en absoluto podrá acontecernos ni excitar nuestros sentidos,
ni aunque la tierra se mezcle con el mar, y el mar con el cielo.
Aunque no contenga exactamente mención del diluvio ni de otros cataclismos, no me resisto a recordar aquí una ocurrencia atribuida al filósofo cínico Diógenes (412-323 a.C.), y transmitida por Cicerón. También de esta anécdota se infiere la convicción de que no hay que preocuparse de los males que puedan sobrevenir tras nuestra muerte:
durior Diogenes, et is quidem eadem sentiens, sed ut Cynicus asperius: proici se iussit inhumatum. tum amici: 'volucribusne et feris?' 'minime vero' inquit, 'sed bacillum propter me, quo abigam, ponitote.' 'qui poteris?' illi, 'non enim senties.' 'quid igitur mihi ferarum laniatus oberit nihil sentienti?' (Tusculanae Disputationes 1.43.104)
Diógenes era más radical, y, aunque compartiendo ciertamente la misma opinión, más hosco, como cínico que era: ordenó que fuera arrojado sin enterrar. Entonces los amigos le objetaron: "¿Como pasto de aves y alimañas?" "No, de ninguna manera" -respondió-, sino colocad junto a mí un bastoncito, para que yo las espante." Ellos dijeron: "¿Cómo podrás? Pues no tendrás conciencia." Y él concluyó: "Por tanto, ¿en qué me perjudicará a mí el desgarro de las alimañas, si no tendré conciencia?".
En un epigrama del poeta griego de Estratón de Sardes, de época tardía (siglos II-III d.C.), el sujeto lírico invita al disfrute vital (al carpe diem). Quiere disfrutar de los placeres sensoriales mientras esté vivo; en cambio, una vez muerto, no le importa que venga el diluvio:
Καὶ πίε νῦν καὶ ἔρα, Δαμόκρατες· οὐ γὰρ ἐς αἰεὶ
πιόμεθ’ οὐδ’ αἰεὶ παισὶ συνεσσόμεθα.
καὶ στεφάνοις κεφαλὰς πυκασώμεθα καὶ μυρίσωμεν
αὑτούς, πρὶν τύμβοις ταῦτα φέρειν ἑτέρους.
νῦν ἐν ἐμοὶ πιέτω μέθυ τὸ πλέον ὀστέα τἀμά·
νεκρὰ δὲ Δευκαλίων αὐτὰ κατακλυσάτω.
(Antología Palatina 11.19)
Bebe y ama ahora, Demócrates, pues no para siempre
beberemos ni estaremos junto a los chicos.
Coronemos nuestras cabezas con guirnaldas y perfumémonos,
antes de que otros traigan esas ofrendas a nuestras tumbas.
Que ahora mis huesos se empapen sobre todo de vino,
y, una vez muertos, que los anegue el diluvio de Deucalión.
Este epigrama griego antiguo fue traducido al latín en el Renacimiento por Geraldus Bucoldus y, ya en la literatura española, Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575) compondría un soneto que es una recreación del epigrama (para una recitación de este texto, pulsar aquí).
LXII
SONETO
Demócrates, deléitate y bebamos,
que para siempre no se ha de durar.
No puede para siempre el hombre estar
en la vida que ahora nos holgamos.
Pues nos perdemos cuanto acá dejamos,
con ungüento oloroso nos untar
y en guirnaldas las frentes coronar
se procure, que al fin al fin llegamos.
La honra que nos hace la mortaja
quiéromela yo hacer en este mundo
y remojarme en cuanto vino sé.
Y si de acá me llevo esta ventaja,
cuando después llegare en el profundo
¡ahógueme el diluvio de Noé!
En resumen, de este recorrido por los antecedentes clásicos (y también modernos) de la real frase se desprenden dos datos principales: 1) prácticamente todos los ejemplos citados sugieren que la frase del rey francés significa: “no me importa nada que, tras mi muerte, venga el diluvio, o cualquier catástrofe”; 2) la idea de que no debemos preocuparnos por lo que ocurra tras nuestra muerte está bastante difundida en la Antigüedad clásica, y pertenece al ideario de varias escuelas filosóficas (epicureísmo, cinismo) pero, más concretamente, la mención del diluvio en este contexto se documenta ya en Lucrecio y en Estratón de Sardes. Es difícil asegurar si Luis XV (o la Pompadour) se inspiró directamente en uno de estos dos poetas, o acuñó la expresión independientemente. En mi opinión, no es implausible que un rey tan hedonista como Luis XV hubiera leído y asimilado a Lucrecio y, por tanto, pudiera haber tomado el pasaje lucreciano como modelo de su famosísima frase.
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11 comentarios:
Creo que el uso más apropiado de la frase se encuentra en el lema de 617 Squadron de la Royal Air Force británica. En 1943 los Dambusters destruyeron presas en el Ruhr para paralizar la producción industrial alemana.
Conocía a un sacerdote que, antes de bendecir la mesa, solía decir: After me, the food.
Formidable trabajo de investigación y análisis. Algunos ejemplos relacionados me parecen un poco forzosos, pero su presentación en este contexto es un placer. Gracias por esta bandeja de canapés clásicos.
soles occidere et redire possunt:
nobis cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Carmen 5 ( Catullus)
Louis XV y Madame de Pompadour podrían haberse familiarizado con las fuentes clásicas a través de Rabelais (Lib. 4, cap 26) donde no sólo se mencionan a Cicerón y Séneca sino también a Dio Nicaeus (= Casio) y Suidas, quienes atribuyen la frase al emperador Tiberio. El fragmento original aparece, además, textualmente en Suetonio (Vida de Nerón , 38), donde las palabras ‘emou thanatou’ del original son maliciosa y prolépticamente enmendadas por Nerón a ‘emou zontos’.
Me pregunto si no sería más fructífero buscar fuentes más inmediatas de ‘déluge’, el sinónimo funcional del ‘fuego’ clásico, en la tradición bíblica del diluvio universal. Aquí está la entrada pertinente en el 'Dictionnaire Philosophique' de Voltaire (Historiador Real de Louis XV), publicado en 1764.
DÉLUGE UNIVERSEL
Nous commençons par déclarer que nous croyons le déluge universel, parce qu’il est rapporté dans les saintes Écritures hébraïques transmises aux chrétiens.
Nous le regardons comme un miracle:
1° Parce que tous les faits où Dieu daigne intervenir, dans les sacrés cahiers, sont autant de miracles;
2° Parce que l’Océan n’aurait pu s’élever de quinze coudées, ou vingt et un pieds et demi de roi, au-dessus des plus hautes montagnes, sans laisser son lit à sec, et sans violer en même temps toutes les lois de la pesanteur et de l’équilibre des liqueurs, ce qui exigeait évidemment un miracle;
3° Farce que, quand même il aurait pu parvenir a la hauteur proposée, l’arche n’aurait pu contenir, selon les lois de la physique, toutes les bêtes de l’univers et leur nourriture pendant si longtemps, attendu que les lions, les tigres, les panthères, les léopards, les onces, les rhinocéros, les ours, les loups, les hyènes, les aigles, les éperviers, les milans, les vautours, les faucons, et tous les animaux carnassiers, qui ne se nourrissent que de chair, seraient morts de faim, même après avoir mangé toutes les autres espèces.
On imprima autrefois, à la suite des Pensées de Pascal, une dissertation d’un marchand de Rouen, nommé Le Pelletier, dans laquelle il propose la manière de bâtir un vaisseau où l’on puisse faire entrer tous les animaux, et les nourrir pendant un an. On voit bien que ce marchand n’avait jamais gouverné de basse-cour. Nous sommes obligés d’envisager M. Le Pelletier, architecte de l’arche(4), comme un visionnaire qui ne se connaissait pas en ménagerie, et le déluge comme un miracle adorable, terrible, et incompréhensible à la faible raison du sieur Le Pelletier tout comme à la nôtre;
4° Parce que l’impossibilité physique d’un déluge universel, par des voies naturelles, est démontrée en rigueur; en voici la démonstration.
Toutes les mers couvrent la moitié du globe; en prenant une mesure commune de leur profondeur vers les rivages et en haute mer, on compte cinq cents pieds.
Pour qu’elles couvrissent les deux hémisphères seulement de cinq cents pieds, il faudrait non seulement un océan de cinq cents pieds de profondeur sur toute la terre habitable, mais il faudrait encore une nouvelle mer pour envelopper notre océan actuel sans quoi les lois de la pesanteur et des fluides feraient écouler ce nouvel amas d’eau, profond de cinq cents pieds, que la terre supporterait.
Voilà donc deux nouveaux océans pour couvrir, seulement de cinq cents pieds, le globe terraqué.
En ne donnant aux montagnes que vingt mille pieds de hauteur, ce serait donc quarante océans de cinq cents pieds de hauteur chacun qu’il serait nécessaire d’établir les uns sur les autres, pour égaler seulement la cime des hautes montagnes. Chaque océan supérieur contiendrait tous les autres, et le dernier de tous ces océans serait d’une circonférence qui contiendrait quarante fois celle du premier.
Pour former cette masse d’eau, il aurait fallu la créer du néant. Pour la retirer, il aurait fallu l’anéantir.
Donc l’événement du déluge est un double miracle, et le plus grand qui ait jamais manifesté la puissance de l’éternel souverain de tous les globes.
Nous sommes très surpris que des savants aient attribué à ce déluge quelques coquilles répandues çà et là sur notre continent(5).
Nous sommes encore plus surpris de ce que nous lisons à l’article Déluge du Grand Dictionnaire Encyclopédique; on y cite un auteur qui dit des choses si profondes(6) qu’on les prendrait pour creuses. C’est toujours Pluche il prouve la possibilité du déluge par l’histoire des géants qui firent la guerre aux dieux.
Briarée, selon lui, est visiblement le déluge, car il signifie la perte de la sérénité; et en quelle langue signifie-t-il cette perte? en hébreu. Mais Briarée est un mot grec qui veut dire robuste. Ce n’est point un mot hébreu. Quand par hasard il le serait, gardons-nous d’imiter Bochart, qui fait dériver tant de mots grecs, latins, français même, de l’idiome hébraïque. Il est certain que les Grecs ne connaissaient pas plus l’idiome juif que la langue chinoise.
Le géant Othus est aussi en hébreu, selon Pluche, le dérangement des saisons. Mais c’est encore un mot grec qui ne signifie rien, du moins que je sache; et quand il signifierait quelque chose, quel rapport, s’il vous plaît, avec l’hébreu?
Porphyrion est un tremblement de terre en hébreu; mais en grec, c’est du porphyre. Le déluge n’a que faire là.
Mimas, c’est une grande pluie; pour le coup en voilà une qui peut avoir quelque rapport au déluge. Mais en grec mimas veut dire imitateur, comédien; il n’y a pas moyen de donner au déluge une telle origine.
Encelade, autre preuve du déluge en hébreu: car, selon Pluche, c’est la fontaine du temps; mais malheureusement, en grec, c’est du bruit.
Éphialtes, autre démonstration du déluge en hébreu: car éphialtes, qui signifie sauteur, oppresseur, incube, en grec, est, selon Pluche, un grand amas de nuées.
Or, les Grecs ayant tout pris chez les Hébreux, qu’ils ne connaissaient pas, ont évidemment donné à leurs géants tous ces noms que Pluche tira de l’hébreu comme il peut; le tout en mémoire du déluge.
Deucalion, selon lui, signifie l’affaiblissement du soleil. Cela n’est pas vrai; mais n’importe.
C’est ainsi que raisonne Pluche; c’est lui que cita l’auteur de l’article Déluge sans la réfuter. Parle-t-il sérieusement? se moque-t-il? je n’en sais rien. Tout ce que je sais, c’est qu’il n’y a guère de système dont on puisse parler sans rire.
J’ai peur que cet article du Grand Dictionnaire, attribué à M. Boulanger, ne soit sérieux; en ce cas nous demandons si ce morceau est philosophique? La philosophie se trompe si souvent que nous n’osons prononcer contre M. Boulanger.
Nous osons encore moins demander ce que c’est que l’abîme qui se rompit et les cataractes du ciel qui s’ouvrirent. Isaac Vossius nia l’universalité du déluge(7);hoc est pie nugari. Calmet la soutient en assurant que les corps ne pèsent dans l’air que par la raison que l’air les comprima. Calmet n’était pas physicien, et la pesanteur de l’air n’a rien à faire avec le déluge. Contentons-nous de lire et de respecter tout ce qui est dans la Bible(8) sans en comprendre un mot.
Je ne comprends pas comment Dieu créa une race pour la noyer, et pour lui substituer une race plus méchante encore;
Comment sept paires de toutes les espèces d’animaux non immondes vinrent des quatre quarts du globe, avec deux paires des immondes, sans que les loups mangeassent les brebis en chemin, et sans que les éperviers mangeassent les pigeons, etc., etc.;
Comment huit personnes purent gouverner, nourrir, abreuver tant d’embarqués pendant près de deux ans: car il fallut encore un an, après la cessation du déluge, pour alimenter tous ces passagers, vu que l’herbe était courte.
Je ne suis pas comme M. Le Pelletier: j’admire tout, et je n’explique rien.
Notes.
Note_3Questions sur l’Encyclopédie, quatrième partie, 1771. (B.)
Note_4Dissertation sur l’arche de Noé, par Jean Le Pelletier, Rouen, 1704, 1710, in-12. (B.)
Note_5 Voyez le chapitre xiii Des Singularités de la nature (Mélanges, année 1768).
Note_6Histoire du ciel, tome I, depuis la page 135. (Voltaire.)
Note_7Commentaire sur la Genèse, page 197, etc. (Voltaire.)
Note_8 En 1771 l’article finissait ainsi: « Contentons-nous de lire et de respecter tout ce qui est dans la Bible sans le comprendre. » Le texte actuel est de 1774. (B.)
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Muchas gracias por las bonitas fotos de Córdoba. Aquí en Sevilla no llegó a nevar pero sí diluvió.
Christopher L.
Muchísimas gracias a Christopher por la información que aporta. La entrada del diccionario filosófico sobre el diluvio es una delicia (muy interesante la ironía de empezar diciendo que se cree en el diluvio universal como dogma de fe, para a continuación refutarlo pormenorizadamente con razones científicas), pero no creo que tenga ninguna relación con la frase comentada. Gracias por la atención, y nos leemos en la red.
Tremenda informacion, gracias por iluminarnos.
Me pareció muy buena la información, y me hizo pensar desde el punto de vista psicoanalítico como après moi le déluge..podría decirlo cualquier persona..de la cual dependan otros...es como decir sin mi no queda nada...o nadie lo podrá tolerar.Habría mucho que decirse al respecto. Dra. Miriam Hasson
llegué por la canción de Regina Spektor, enhorabuena
muy buena información!"
besos
Al igual que Lola, llegué aquí por la canción de Regina Spektor.
Cuando algo nos interesa tanto, debemos investigar hasta el último detalle, por eso llegué aquí.
Me parece muy interesante todo el trasfondo que puede tener una frase... el hecho de que muchos hayan pensado sobre lo mismo, solo que lo hayan expresado en diferentes palabras.
Me parece que cada vez que avanzan los tiempos, los humanos nos volvemos más temerosos de la muerte.
¿Por qué debería importarnos nuestra post-muerte?
Al fin y al cabo, nadie sabe si el alma es inmune a la muerte del cuerpo. O si al morir quedamos completamente destruídos.
Muy buena la información, siempre es bueno conocer bastante sobre lo que nos gusta.
Saludos.
Quede encantado con la informacion. Me parece que la frase es inigualable. Me recuerda a la frase latina involvens umbra, magna terramque polumque.
Muchas gracias.
La información es muy buena, pero la frase en realidad surge de una personalidad enferma, absolutamente ¡narcisista! a la que sólo le importan sus propios deseos y nada del prójimo ni del futuro de éste. Cordialmente, Horacio
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