Renée Ferrer de Arréllaga — Paraguay, 1944
Agua
Nubes, helechos rumorosos, piedras,
mi cuerpo anticipándose a los goces
en la colcha mullida de la hiedra;
la siesta me sazona con sus roces
y un tumulto de pájaros rehúye
el vasto territorio del desvelo;
extrañamente de mis dedos fluye
un manantial que sorbe el desconsuelo.
Mis piernas, los anhelos, mis caderas
en torrentes se fueron escurriendo;
era absurdo que tú los detuvieras
apenas desatados y muriendo.
Yo bien sé que me pierdo en lechos de agua
sin vislumbrar la lumbre de tu fragua.

1 comentarios:
Te he buscado.
Espero solamente el momento de vertigo de ojos
que anuncie que la aurora aún no es prohibida.
Mañana será tarde.
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